jueves, 12 de abril de 2012
Tan solo deja que...
Y cómo no pararse a pensar en mitad de tanto silencio...
Deja que la quietud de esta noche me embriague los sentidos con cálidos recuerdos..., que aunque parezcan un sueño los siento reales en cada poro de mi ser.
Déjame fluir con la espontaneidad que no se planea para una sonrisa, para una caricia, para una palabra amable o para un momento de desatada pasión.
Déjame si quiero vibrar con cada nota que reclama mi oído a tu voz, y estremecerme con tan solo recordar el tacto de tus manos en mi pelo.
Déjame ser libre para vivir o sentir sin necesidad de colgar banales etiquetas que denoten en qué punto nos hallamos, tan solo que pase el tiempo y llegado el momento ya decidiremos qué momento nos describe en ese instante.
Déjame apaciguar la ira o la angustia de estas aguas, sin alterar el cauce del río que fluye montaña abajo.
Déjame ser el sol de una mañana de verano, asfixiante y abrasador..., y la par la luna llena que alumbra la senda en las noches más oscuras en mitad de un humedal.
Déjame perderme en mitad de un páramo y disfrutar a través de tus ojos de la majestuosidad del vuelo de un pájaro.
Deja que mi mente viaje hasta los límites más insospechados del deseo, y déjala volver cargada de gotas de ese sudor placentero que chorrea por la espalda.
Deja de escuchar por un segundo el tic-tac de ese reloj que va marcando los pasos cual procesión de semana santa.
Déjame ser el trapecista que cruza entre dos montañas sin red de seguridad..., correré ese riesgo, sé a lo que me enfrento, sé a lo que no temo.
Déjame si quiero tejer la manta que te tape en las noches más frías, o ser el viento que de vueltas a un molinillo colorido colgado de tu balcón.
Déjame ser la lluvia que moja la tierra de tu alrededor y deja que me empape de ese dulce aroma.
Deja de hacerte preguntas que no es menester contestar.
Déjate llevar a los rincones más lejanos de tu mente, y déjame ser esa compañía silenciosa en ellos.
Déjame ser la mano que te ayude a levantarte del suelo o el hombro en el que te apoyas cuando te has dado un golpe en la pierna.
Déjame dar sin pedir, déjame ser sin esperar, déjame ser y estar, déjame hablar sin explicar..., tan solo, deja que actúe esta natural espontaneidad..., no hace falta preguntarse nada más, no hace falta buscar nada más...
Tan solo deja que..., todo llegue y todo pase...
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