Que hacer si no es abrir los brazos al mundo que
discretamente se va desvelando ante nosotros.
Cada día es
una oportunidad nueva de emprender un sueño olvidado, de magnificar una ilusión
perdida, de volver a empezar, de dibujar una sonrisa en el rostro de alguien…
Muchas veces
no llegamos a entender el significado de cada amanecer, qué nos depararán hoy
las horas, quién se cruzará en nuestra vida y qué nos enseñará.
Muchas veces
nos limitamos a ver pasar el tiempo sin ponerle remedio alguno. Simplemente esperamos
lo inesperado o lo anhelado…, desesperándonos al ver que nunca llega.
Estamos
atrapados en nuestro propio cepo, en nuestra empalagosa condescendencia,
ahogándonos en nuestros sentimientos pesimistas, pensando que ahí es donde
mejor estamos…, porque afrontar nuevos retos da verdadero pánico…, incluso al
más valiente.
Nadie sabe
si al empezar un proyecto ya sea laboral, sentimental o de cualquier índole va
a salir bien…, pero es mejor conocer lo que hay tras esa puerta, que quedarse
con un “¿y si…?” eternamente.
Nos
marchitamos como las flores que nunca son regadas…, nuestras raíces se secan y
caemos en el olvido de nuestro pensamiento…, el
cual se nutre de malos recuerdos…, como si de un cordón umbilical se
tratase.
Dejémonos
embaucar por esa sensación de plenitud, por esa manada de mariposas que viven
en nuestro estómago, admiremos la belleza de una hoja cayendo al suelo,
gritemos a pleno pulmón desde la más alta cima, venzamos el vértigo que nos
provoca lo desconocido, llenemos del más puro aire nuestro pulmones…, ¡y a
volar!
El cielo no
está tan lejos como para no aprender a tocarlo…, ¡Despierta!
